[HORROR] Parahumano

 ¿Alguna vez has pensado en como sería tener superpoderes? 

Cuando miras en la pantalla grande a los superhéroes hacer sus grandes hazañas, y luchar contra villanos y esos efectos especiales de Hollywood de millones de dólares, ¿no te imaginas aunque sea por un momento que ese o esa podrías ser tú?

Claramente estas historias siempre ocurren en mundos en los que los demás también tienen poderes, y por una razón u otra hay un claro héroe y un claro villano, a excepción obviamente de grandes obras, como The Boys, Watchmen, y otras.

¿Pero realmente alguna puede prepararte para lo que sería una vida de saber que tienes un poder por encima de los demás? ¿Y que ninguna otra persona lo comparte? 

Para David esa es la clase de vida que le había tocado llevar, allá por los tiempos de los ochentas, antes de los teléfonos móviles con cámara, de las grandes redes sociales, y todo eso.

Un papá, una mamá, un perro, y un hermanito. A los nueve años, David tenía una vida buena en una ciudad de un país latino. 

Le gusta el fútbol americano, le gusta jugar con el perro, los padres tienen tiempo para él, y la vida parece muy brillante para él en ese momento. 

Qué es lo que pasa que un día el padre, como es la costumbre incluso de las casas que no son empobrecidas en latinoamérica, quiere arreglar algo en su hogar. La antena parabólica del techo parece que no está recibiendo corriente, la televisión satelital no enciende, y los controles para moverla no responden.

Esta familia tiene dinero, no cualquiera podía permitirse una antena parabólica en aquel entonces.

Era noche pero el señor a la vieja escuela se arremanga la camisa, trae al niño para que se haga hombrecito y aprenda de una vez cómo se hacen estas cosas, y lo deja sostener la linterna. 

Un par de regaños, un par de gruñidos, claro, todo a la vieja usanza, hasta que deja los cables sin aislamiento, pelados de abajo, los conecta y prueba a ver si enciende. 

No hay reacción.

Sube al techo, va a revisar los controles, pero antes de subir le deja muy en claro a David que no tiene por qué tocar los cables. Por nada en el mundo.

David está cansado, es de noche, tiene ganas ya de dormirse. Es un niño bien portado, David. No tiene ningún problema con acostarse temprano y hacer sus cosas del día a día. 

Entonces el padre desde arriba grita algo, que conecte. ¿Que conecte? 

David no se acuerda de qué fue lo que le dijo que hiciera cuando dijera que conectara algo. 

David se pone nervioso, mira para allá, mira para acá, el papá grita otra vez:

—¡Que conectes ya la antena!

David no sabe a qué se refiere pero no le quiere decir a su papá.

Ya es un hombrecito, se supone que por eso está aquí atrás ayudándolo, ¿no? Entonces, vio lo que hizo su padre antes con uno de los cables. Tomó una cinta y lo aisló, y él se dispuso a hacer lo mismo. Tal vez, solo tal vez, eso fuera lo que le estaba pidiendo.

El corazoncito le latía rápido, tenía ganas de irse, y estaba muy asustado por hacer enojar al papá. Entonces se acerca con la cinta, y sin saber los peligros de la electricidad porque, una vez más, es un niño, toma sin pensar el cobre aislante y siente como si el brazo le temblara, pero le deja de temblar de repente y arriba se escucha un zumbido continuo. 

El padre de David más nunca volvió a bajar por sí mismo del techo. 

David corrió a avisarle a su mamá, pensando que quizás su papá estaba herido pero se iba a poner mejor. La mamá subió y lloró, gritó, alejó a David y a su hermano, y llegó la ambulancia y los bomberos también, pero nada había que hacer ya. 

La mamá tuvo que traer a vivir a los suegros, para que cuidaran a los niños mientras que buscaba un trabajo y se encargaba de cosas de gente adulta. Estos eran los ochentas y a pesar de no ser una familia pobre, era y es todavía muy difícil que una compañía responda por esa clase de cosas en cualquier país latinoamericano. No es Estados Unidos.

Pero David no sabía cómo cargar con la culpa de saber, muy en su subconsciente, que él había matado a su padre por accidente. De alguna forma pudo sentir el momento en el que la electricidad, por algún azar del universo que solo se repitió una vez en la historia, hizo algo sin obedecerle y provocó que se electrificara todo el metal de la antena.

Nunca llegó a ver el cadáver, pero sí vio como aún antes de llevárselo, tuvieron que llenar el techo de espuma contra incendios, y al llevárselo fue en una bolsa que ni figura de persona tenía como en las películas que llegó a ver con sus padres.

Los años pasan, David queda por siempre marcado por eso y resuelve, ya que es un peligro o así lo siente para las personas, quedarse en su casa. 

No sale, los amiguitos que hizo comienzan a desaparecer, y al graduarse ya ninguno queda. La familia se empobrece porque el papá era el pilar, entonces pasó de una escuela privada a una pública.

Va a la secundaria, y se recluye de todos los demás niños.

Y los niños en la secundaria son crueles. Muy crueles. 

No saben cómo lidiar con las personas que son diferentes entonces, casi siempre pasa que hacen un grupo y si tienes la mala fortuna de llamar su atención, como lo hizo David al dejarse crecer el pelo y tener una actitud a su alrededor de antipatía total, es una sentencia de muerte para la vida social.

Lo golpeaban, lo acosaban. Le lanzaban el jugo, el refresco. Todo claro a lo largo de los meses, y a lo largo de los años en los que estuvo ahí.

Un día David conoce a una muchacha, saliendo, que le llama bastante la atención el estilo que él tiene. Se llamaba Verónica. 

A ella la llamaban una puta y una loca en la secundaria. Que porque tenía el cabello de un color, que porque al salir le gustaba maquillarse de negro, muchas cosas de ese estilo. 

Verónica y David se quisieron mucho. Y a pesar de que pasaran por bullying y de que los persiguieran bastante, buscaban la manera de escaparse y de estar juntos casi siempre. La mamá notó que David se llevaba mejor con su hermano, sonreía en la casa, salía de la habitación. 

Incluso le mostró dibujos que ella consiguió raros, escritos, cosas que había hecho, pero ella lo apreció.

Un día Verónica le pinta las uñas de negro a David, y aprovechando que era invierno y estaba muy frío pues era una región donde el invierno solía ser atroz, iba con guantes, hasta que se veía con ella y andaba con las manos descubiertas.

Cuál fue la desgracia que un día lluvioso de esos uno de los que los atormentaban, un puberto más grande que él por mucho, le saca los guantes y le mira las uñas. Primero fueron las burlas en grupo, con el maestro inútil que nada podía hacer ni para mantener la calma en su salón y prefería mantenerse fuera de problemas.

Lo sacan del salón y el profesor va detrás de todos ellos. 

Lo patean, lo empujan. Él intenta correr pero claro, saliendo de una cancha con un gran techo ya no hay a donde correr. El día es muy frío, y casi sorprende que lo que estuviese cayendo fuera lluvia y no hielo. 

Verónica lo vio a través de la ventana de una de las aulas y fue tras él. Fue a recogerlo a la lluvia, y como si los demás niños al ver que su víctima tenía a alguien que le ayudara, se acercaron para separarlos. 

Jalaron a Verónica del pelo, los patearon. Se mojaron junto con ellos. 

El maestro fue caminando como si fuera cosa de todos los días a buscar al prefecto, al director, al guardia, un viejo de la puerta. 

¿Qué iban a hacer? ¿Y qué importaba, si de todos modos estos eran de los que ya estaban reprobados?

David entonces se deja llevar, pone las manos en el piso, y observa como, a la vez que todos esos niños que le habían hecho daño y habían atormentado a su querida amiga, que le había comenzado a gustar mucho, y a él, se caen al suelo completamente idos. Sus músculos tensos, como si fueran de piedra. 

Les sale humo de la piel, se prenden y humo sale de sus cuerpos, con un zumbido increíblemente fuerte que era el mismo que había acompañado a la muerte de su papá hace mucho tiempo. Pero claramente al voltear, se dio cuenta de que Verónica ahí estaba entre ellos también.

El cabello negro y larguísimo que tanto quería ahora hacía oler a estiércol y muerte el aire. 

No hace falta decir que, después de ese día, David nunca más fue a la escuela. Nunca más continuó con sus estudios, ni con su vida. 

Y que unos años después, antes de cumplir sus veinte años, se quitó la vida.


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