El contrato social
Un día por la mañana, el hombre del que hablaremos a lo largo de esta historia se despertó. Hizo lo que hacía todas las mañanas: se desperezó con algo de agua en la cara; leyó en su teléfono de manera ausente los mensajes que le dejaron sus amigos a lo largo de toda la mañana en que se quedó dormido; se vistió después de verificar que su olor corporal no fuera tan desagradable. Se aseguró de ponerse desodorante antes, claro, porque la higiene es muy importante. Así como estaba salió y se dirigió hacia su trabajo. Bueno, más que a su lugar de trabajo se tuvo que dirigir hacia la parada del bus, donde tenía que esperar dos horas a su llegada. Su turno vespertino era muy largo y llegaba a su casa a veces solo a cenar y dormir, sin poder bañarse. Es de esas personas que es capaz de sacrificarlo todo excepto sus ocho horas de sueño por el empleo o la escuela; pero se le encuentra perfectamente en discotecas; en largas conversaciones de chat con supuestos ligues que...